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Frecuencias de Lujo: ¿La gentrificación está silenciando al Sound System en la CDMX?

Redacción: Daniel Noriega 


La gentrificación y las leyes de ruido en CDMX están desplazando a la cultura del Sound System, sonideros y bares de reggae; resistencia cultural frente al desarrollo inmobiliario y defensa de espacios como el Cultural Roots. 

Antes de que el Centro Histórico se llenara de terrazas "aesthetic", cafeterías de especialidad y rentas cotizadas en dólares, el bajo ya vibraba con fuerza en la calle de Tacuba. Hoy, la cultura del Sound System enfrenta un desafío mucho más complejo y silencioso que cualquier operativo policial: la gentrificación y la llegada de unos "nuevos vecinos" que prefieren el silencio de su plusvalía inmobiliaria al latido cultural y rebelde del barrio. 


Si llevas años dentro de la escena, conoces la historia de memoria: un día tienes tu lugar seguro para bailar, liberar estrés y conectar con tu gente, y al siguiente te encuentras con sellos de clausura en la cortina. Aunque bastiones legendarios como el Cultural Roots han logrado sobrevivir a problemas administrativos, multas y clausuras temporales (como aquella de 2017 que intentó apagar la fiesta en el Centro), la realidad es que mantener un espacio de reggae en el corazón de la capital se ha convertido en un acto de rebeldía constante y agotador. 


La dinámica del desplazamiento es clara y sistemática: llega la inversión inmobiliaria, se remodelan edificios viejos para convertirlos en lofts o Airbnbs, suben las rentas y, casi de inmediato, comienzan las quejas por "ruido". Lugares que llevan décadas construyendo tejido social de repente se vuelven "incómodos" o "inseguros" para los nuevos residentes de la zona, que buscan una experiencia de ciudad “tranquila”. Las normativas ambientales sobre decibeles, aunque necesarias para la salud pública, se han convertido muchas veces en la herramienta legal perfecta para desplazar a la cultura popular y "limpiar" zonas de alto interés turístico. 


Existe una ironía dolorosa en la política cultural de la ciudad. Mientras en 2023 se celebraba con bombo y platillo la declaratoria de la Cultura Sonidera como Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX, en la práctica, los espacios para ejercerla se reducen. Los Sound Systems artesanales y los bailes de barrio son empujados cada vez más hacia la periferia, lejos de las zonas céntricas que ahora se reservan para el consumo turístico. Se aplaude la cultura en el papel, pero se le persigue en la calle bajo la etiqueta de contaminación auditiva. 


Pero la escena no se apaga. Al contrario, se organiza y muta. Espacios como Souldread en Aragón nos recuerdan que el reggae no pide permiso, solo necesita comunidad. Eventos masivos y autogestivos, como el próximo Bob Marley Fest 2026, confirman que la demanda por estos espacios de liberación sigue más viva que nunca, pese a la falta de foros accesibles. 


¿El fin de la fiesta de barrio?  

La gentrificación no solo desplaza personas hacia las orillas de la ciudad; intenta desplazar identidades. Cuando se presiona para cerrar un foro cultural, un sonidero o un bar de reggae, no solo se ataca un negocio, se ataca un refugio emocional para miles de jóvenes. Se pierden las frecuencias que nos conectan con la tierra y con el otro, sustituyéndolas por el silencio estéril de la propiedad privada. 


La pregunta queda en el aire para todos nosotros: ¿Vamos a permitir que la CDMX se convierta en un dormitorio silencioso y exclusivo para unos cuantos, o vamos a defender nuestro derecho a hacer ruido, a bailar y a existir en el centro de nuestra propia ciudad?  


La próxima vez que vayas a una tocada en el Centro o Aragón, recuerda que tu presencia es política. Apoya al local, consume en la barra y cuida el espacio. Porque mientras el bass siga sonando en los barrios, la ciudad sigue siendo nuestra.  

¡Que no pare el Sound System! 

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