El reggae vuelve a ser la voz de la resistencia en Estados Unidos
- RootsLand

- hace 1 día
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Redacción: Grecia Rodriguez
El reggae nació como protesta y sigue siéndolo. Este género, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural, vuelve a sonar en medio de las protestas contra el ICE en Estados Unidos y su mensaje político nunca ha dejado de tener gran impacto.

El reggae nunca ha pedido permiso para hablar de política, sino que siempre lo ha hecho. Esto no empezó en un estudio con presupuesto ni con un respaldo de alguna industria. Nació en los barrios pobres de Jamaica, entre gente que no tenía casi nada, más que ganas de decir la verdad y tener un ritmo que sostuviera esa idea. Por eso, cuando en Minneapolis empezaron a caer personas a manos de los agentes federales, no sorprende que este ritmo vuelva a sonar con gran urgencia que muy pocos géneros pueden igualar.
Lo que está pasando en Estados Unidos con el ICE y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza no es algo nuevo, solamente que cambia el lugar, pero la dinámica es la misma: El Estado va por los más vulnerables y el reggae lleva décadas cantándole a eso con gran precisión. Cuando el agente Jonathan Ross mató a Renée Good en Minneapolis, algo se rompió. Y cuando semanas después Alex Pretti cayó en la Avenida Nicollet, la gente salió a las calles buscando palabras que estuvieran a la altura porque estaban muy enojadas. Algunos encontraron folk, otros rock. Pero hay quienes saben que para estos temas solo el reggae tiene la música correcta.
No es una casualidad, porque el reggae fue construido para esto. Peter Tosh no cantaba por cantar cuando grabó “Equal Rights” o “Downpressor Man”, y Burning Spear no recordaba a Marcus Garvey como un ejército nostálgico. Steel Pulse dedicó discos enteros a denunciar la brutalidad política y el racismo cuando nadie quería escucharlo. Y Bob Marley, que su aniversario 81 se conmemoró en febrero, convirtió a todo esto en un lenguaje global que cruzó fronteras, idiomas y décadas. No es entretenimiento, sino cultura política con melodía.
La fuerza política que tiene el reggae tiene gran reconocimiento, que no pueden ignorarlo. La UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad porque entendieron que no se trata solo de música, sino de un sistema de valores donde hay resistencia, identidad, justicia y memoria. En 2026, el gobierno de Jamaica reconoció a Stephen “Cat” Coore, de Third World, con una Orden de Distinción por el aporte cultural que da. Esto es una señal de que las instituciones ya empiezan a asumir lo que ya se ve en las calles, que el reggae es un archivo vivo de conciencia colectiva.
Lo que tiene este género, y que muchos no lo logran, es la capacidad de hacer parecer la denuncia como esperanza. No es música con la que la gente solo está estática, sino que esta música mueve, y esta es una gran forma de protesta. La tradición de canciones de resistencia en Estados Unidos es larga porque está el folk de Woody Guthrie, el soul de Sam Cooke, el rock de Creedence. Pero el reggae ocupa un lugar aparte, porque su protesta no es solo vocal, porque habla del colonialismo, del destierro, y de la identidad pasada. Pero esto tiene un significado diferente cuando quien protesta es quien el Estado quiere hacer invisible.
En Minnesota, mientras Bruce Springsteen grababa “Streets of Minneapolis” y Billy Bragg componía homenajes a los caídos, el reggae no necesitaba estrenar nada nuevo, porque sus canciones estaban listas, ya que llevan décadas esperando este momento. Esto es lo que pasa cuando un género nace diciendo la verdad: no importa cuánto tiempo pase, siempre encontrará el momento que es necesario para luchar por justicia.







