De la resistencia en Jamaica al éxito global
- RootsLand
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Descubre la verdadera política radical del reggae. Analiza sus raíces en la independencia de Jamaica, el rastafarismo y su mensaje contra la opresión.
Redacción: Michelle Velázquez Belmont

A menudo por su ritmo hipnótico y su cadencia relajada, el reggae es, en su esencia, una crónica de disidencia, aunque debemos recordar que más que música, el reggae fue la educación auditiva que preparó el terreno para el punk y el hip-hop, utilizando el bajo y el ritmo como vehículos para un mensaje de empoderamiento y crítica sistémica
Durante el siglo XXI, este género ha sido víctima de una perspectiva mercantilizada que ignora su naturaleza radical y activista. Incluso figuras como Bob Marley han sido despojadas de su potencia política para ser presentadas como simples íconos de paz.
Sin embargo, para entender su verdadero impacto, es necesario mirar hacia figuras como Don Letts. Este artista británico de ascendencia jamaiquina personifica la verdadera conexión entre el reggae y el punk a través de sus documentales, sus programas en la BBC 6 y su trabajo con bandas como The Clash, Letts ha demostrado que el reggae no es una música pasiva, sino un motor de cambio cultural que sigue resonando en cada país.
Su capacidad de envolver mensajes de lucha anticolonial en ritmos hipnóticos es una música parida en la búsqueda de libertad tras 1962 que, para finales de los sesenta, ya había mutado en un sonido más pesado y menos complaciente.
Como ocurrió con sus antecesores (el ska y el rocksteady), el reggae saltó las fronteras de Jamaica para darle voz a los que nadie escuchaba, traduciendo la tensión política en un pulso que cualquiera pudiera sentir.
Su legado no reside en los sellos de la UNESCO ni en posters decorativos, sino en su capacidad de "colonizar" la conciencia global desde una isla pequeña. Que van desde los soundsystems de Kingston hasta los programas donde se ha logrado su exposición ayudando a que el género sea consolidado como un arma espiritual y social que resuena cada vez que alguien decide levantar la voz contra el sistema.
Resulta irónico que el mismo sistema que persiguió y criminalizó el reggae durante décadas sea el que hoy lo cuelga como medalla, ahora que la música genera más ingresos que las industrias tradicionales.
No necesita un permiso oficial para existir y su victoria está en las calles, en los cientos de sistemas de sonido que hoy vibran en lugares tan lejanos como Croacia, recordándonos que una isla bajo el yugo colonial terminó por conquistar la conciencia del mundo entero.





