¡Dignidad y Alivio! Washington aprueba el uso de cannabis medicinal en hospitales para pacientes terminales
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Redacción: Daniel Noriega
La Cámara de Representantes de Washington aprobó que pacientes terminales puedan usar cannabis medicinal en hospitales.

La lucha por el acceso digno a la planta sigue rompiendo barreras y estigmas, y esta vez las buenas noticias nos llegan desde el norte. En un movimiento histórico cargado de empatía, la Cámara de Representantes del estado de Washington ha aprobado una legislación que promete devolver la paz y el control a quienes más lo necesitan: los pacientes con enfermedades terminales. Ya no tendrán que elegir entre recibir cuidados hospitalarios o acceder a su medicina natural para transitar sus últimos días.
Bautizada popularmente en los pasillos legislativos como una versión local de la "Ley Ryan" (inspirada en legislaciones similares de California que buscan humanizar el final de la vida), el proyecto de ley HB 2152 fue aprobado con un contundente apoyo, demostrando que la compasión no tiene colores políticos. ¿El objetivo? Simple pero poderoso: obligar a los hospitales, residencias de ancianos y centros de cuidados paliativos a permitir que los pacientes calificados consuman cannabis medicinal dentro de sus instalaciones, terminando con una prohibición que muchos consideraban cruel.
Hasta ahora, la situación era absurda. Muchos pacientes que dependen de los cannabinoides para controlar el dolor severo, las náuseas o la ansiedad en su etapa terminal se veían obligados a abstenerse al ser internados. En el peor de los casos, tenían que salir de las instalaciones, a veces en condiciones físicas deplorables o soportando climas fríos simplemente para poder medicarse en su coche o en la banqueta. Esta nueva normativa reconoce que el alivio y la autonomía corporal son derechos fundamentales.
Sin embargo, ojo aquí, que esto no significa que los hospitales se van a convertir en un hotbox. La ley viene con letras chiquitas y reglas claras para mantener el orden clínico y la seguridad de todos. Primero que nada, se prohíbe fumar o vapear. La administración tendrá que ser estrictamente a través de métodos "libres de humo", como aceites, tinturas, cápsulas o comestibles. Nada de prender el porro en la cama del hospital, principalmente por respeto a las normas de aire limpio y el uso de oxígeno en las habitaciones.
Además, hay un detalle logístico importante para proteger al personal: las enfermeras y doctores no podrán administrar el cannabis. No te lo va a traer la enfermera en la charola de las medicinas debido a las restricciones federales que aún pesan sobre el personal de salud. El paciente, o su cuidador designado, será el responsable total de llevar el producto y administrárselo. Además, la medicina deberá guardarse en un contenedor cerrado con llave, para evitar que ande rondando por ahí o se confunda con otros medicamentos.
La medida también incluye una cláusula de "puerto seguro" para las instituciones. Si un hospital demuestra que permitir esto le causaría perder fondos federales (recordemos que a nivel federal el Tío Sam sigue con sus prohibiciones), podrían exentar la norma, aunque se espera que la mayoría de las clínicas estatales adopten estas políticas más humanas.
Este avance, impulsado por la representante Shelley Kloba y activistas que llevan años peleando por la dignidad del paciente, ahora pasa al senado estatal para su ratificación final. De aprobarse definitivamente, la ley entraría en vigor para el 1 de enero de 2027. Es un recordatorio brutal de que la legalización no es solo recreación; es, ante todo, un tema de derechos humanos. Permitir que alguien pase sus últimos momentos sin dolor y con la medicina que ellos eligen no debería ser un debate, sino una garantía.
Washington lo ha entendido: la compasión pesa más que el estigma.




