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Un laberinto de millones de dólares y una ley que ningún político se atreve a firmar

Un laberinto de millones de dólares y una ley que ningún político se atreve a firmar
Un laberinto de millones de dólares y una ley que ningún político se atreve a firmar

Redacción: Arely Negrete


Tailandia pasó de la prohibición absoluta a un paraíso de ocho mil tiendas sin reglas y ahora intenta frenar un tren que ya va a toda marcha. El vacío legal que inundó las calles de neones verdes se convirtió en un dolor de cabeza político que nadie sabe cómo solucionar.


En junio de 2022, Tailandia hizo historia al convertirse en el primer país del sudeste asiático en despenalizar el cannabis. Lo que comenzó como un movimiento para impulsar la agricultura local y el turismo médico, rápidamente se transformó en una explosión comercial sin precedentes. Sin embargo, dos años después de aquel hito, la nación se encuentra en una encrucijada política y social que amenaza con desmantelar la floreciente industria del uso recreativo.


La despenalización inicial dejó al país en un vacío legal, al eliminar la planta de la lista de narcóticos prohibidos sin haber promulgado leyes específicas para regular su venta y consumo, Tailandia vio nacer más de 8,000 dispensarios en tiempo récord. Ciudades como Bangkok y centros turísticos como Phuket se llenaron de neones verdes, atrayendo a millones de visitantes internacionales ansiosos por experimentar una libertad que, hasta hace poco, se castigaba con severas penas de prisión.


Esta bonanza económica, estimada en cientos de millones de dólares, trajo consigo beneficios innegables para la economía tras la pandemia. No obstante, el crecimiento desordenado también encendió las alarmas de los sectores más conservadores de la sociedad tailandesa. Las quejas sobre el consumo en espacios públicos, el acceso de menores de edad a productos derivados del cannabis y el impacto en la salud pública se convirtieron en el eje central del debate político.


La llegada de Srettha Thavisin al cargo de primer ministro marcó el inicio de una ofensiva contra el uso adulto o recreativo. Durante su campaña y los primeros meses de gestión, Thavisin fue tajante, el cannabis debe limitarse estrictamente a fines médicos y de investigación. No queremos que Tailandia sea conocida como un destino de drogas, ha reiterado el mandatario en diversas ocasiones, subrayando que el abuso de sustancias es una amenaza para la seguridad nacional y el bienestar de las generaciones futuras.


El plan inicial del gobierno actual contemplaba reclasificar el cannabis como narcótico de categoría 5 hacia finales de 2024. Esta medida criminalizaría nuevamente la posesión y el consumo recreativo, permitiendo únicamente el uso terapéutico bajo supervisión médica, sin embargo, el camino hacia la prohibición no es sencillo.


La industria del cannabis ha generado empleos y atraído inversiones extranjeras que ahora están en riesgo. Además, el gobierno de coalición tailandés alberga al partido Bhumjaithai, los arquitectos originales de la despenalización. Esta fuerza política se ha opuesto firmemente a un retroceso total, argumentando que el problema no es la planta en sí, sino la falta de una regulación clara y estricta.


Informaciones recientes sugieren que el gobierno podría estar suavizando su postura; en lugar de una prohibición total y un retorno a la lista de drogas peligrosas, se debate la implementación de una ley integral que regule de manera estricta quién puede vender, quién puede comprar y en qué lugares se permite el consumo. Esto buscaría un equilibrio: mantener los beneficios económicos del sector mientras se mitigan los riesgos sociales.


Para los empresarios y entusiastas del sector, la incertidumbre es el mayor enemigo. Muchos propietarios de dispensarios han invertido sus ahorros de vida en un negocio que hoy pende de un hilo legislativo. La pregunta que queda en el aire es si Tailandia podrá implementar un modelo intermedio exitoso o si sucumbirá a la presión de volver a políticas prohibicionistas.



Lo que es seguro es que el experimento tailandés sirve como una lección global sobre los desafíos de la transición de la prohibición absoluta a la legalidad. Mientras el mundo observa, Tailandia intenta descifrar cómo gestionar su oro verde sin comprometer lo que el gobierno define como la integridad moral y sanitaria de su pueblo. El desenlace de esta batalla legal definirá no solo el futuro del cannabis en Asia, sino también la identidad de Tailandia como destino global en la era moderna.

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