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La mujer cercana a Trump que promovió cambios para un mejor futuro del cannabis

Redacción: Carlos Villa


La historia de una poderosa empresaria afín al gobierno de Trump que internamente contribuyó a que el cannabis deje de criminalizarse igual que otros narcóticos peligrosos en EUA, ella es Kim Rivers.

 

Ha pasado mucho tiempo desde 1970 que el entonces presidente estadounidense Richard Nixon emprendió una guerra contra las drogas y colocó a la marihuana junto a otros poderosos narcóticos como una bastante peligrosa para la sociedad y estrictamente prohibida por la ley federal. Sin embargo, una influyente empresaria cercana a la administración Trump estaría cerca de acabar con décadas de prohibicionismo.


Se trata de Kim Rivers, una líder de la industria con sede en Florida dirigiendo la empresa Trulieve, que en un estado tan conservador gobernado por Ron DeSantis, también un fuerte republicano cercano a Trump, promueven productos cannábicos para los interesados.


Kim, ejerciendo su liderazgo femenino y con un amplio poder de convencimiento hizo llegar al presidente una petición firmada por empresarios afines en donde pedían que se dejara de criminalizar, a través de las leyes, el consumo del cannabis. Ellos eran conscientes de que le pedían esto a un hombre que no bebe alcohol ni fuma tabaco, como lo es Donald J. Trump.


Sin embargo, hace unos meses, cuando Kim por su estrecha relación con el presidente aguardaba en la Casa Blanca, abandonó la residencia oficial en cuanto supo que Trump le pidió a la entonces Fiscal General Pam Bondi que removiera a la marihuana de la lista de drogas extremadamente peligrosas y la reclasificaran en un sitio menos letal.


Cuenta la empresaria que en cuanto supo de esta orden, el Presidente Trump le regaló una de las emblemáticas plumas con las que firma sus órdenes ejecutivas junto a una gorra del movimiento MAGA (Make America Great Again) diciéndole, a palabras de ella, “Kim, ¡buen trabajo!”


Kim expresó sus palabras de sorpresa por lo que había esperado durante todo su liderazgo al frente de una empresa que se dedica a los productos cannábicos en un territorio fuertemente conservador como Estados Unidos, sobre todo, en el sur. “Dios, no puedo creer que esto esté pasando en serio”.



La determinación de la empresaria estadounidense ejemplifica cómo pueden lograrse victorias colectivas cuando se ejerce un buen uso de las influencias a tal grado de convencer al hombre más poderoso del mundo (hasta el momento) de derribar mitos en torno a una sustancia que tiene más beneficios que riesgos para la salud pública como el cannabis. Un paso pequeño, pero firme en cuanto a las acciones de los gobiernos, sobre todo el de EUA, para abordar temas relacionados a su uso, legalización y comercialización

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