Sir Oliver Skardy: del reggae veneciano a los pasillos de una escuela
- RootsLand

- 30 dic 2025
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Redacción: Ximena Zarahi Moreno Luna

Ícono del reggae italiano y fundador de Pitura Freska, Oliviero Scardicchio hoy barre pasillos como conserje, sin renunciar a la crítica social, la música ni a su identidad rebelde.
Bajo los arcos del antiguo convento de los Carmini, en Venecia, un hombre limpia con calma y observa. Lleva sombrero rastafari, gafas amplias, bigote y perilla blancos. Habla en dialecto veneciano y saluda con familiaridad: “Bondì, so el bideo”. No es un conserje cualquiera. Es Oliviero Scardicchio, conocido como Sir Oliver Skardy, figura emblemática del reggae veneciano y fundador de la irreverente banda Pitura Freska, que marcó a toda una generación desde finales de los años ochenta.
El antiguo convento carmelita hoy alberga un instituto artístico, una especie de Guggenheim educativo en Campo dei Carmini. Allí, Skardy trabaja desde hace décadas como conserje, una decisión que, lejos de representar derrota, refleja coherencia con su origen y su visión crítica del sistema.
Fundada en 1987, Pitura Freska irrumpió en la escena musical italiana con una propuesta inusual: reggae cantado en dialecto veneciano, cargado de ironía, provocación y crítica social. Canciones como Papa Nero, Pin Floi, Marghera o ‘Na bruta banda mezclaban ritmos jamaicanos con identidad local, desafiando tanto al conservadurismo cultural del Véneto como a los moldes de la industria musical.
El punto más alto llegó en 1997, cuando Papa Nero sacudió el Festival de San Remo. La canción fue malinterpretada por muchos como blasfema o satánica, cuando en realidad su mensaje era profundamente antirracista. El sistema no los comprendió. La banda quedó relegada y estigmatizada. “Pensamos que o entrábamos al reino o nos expulsaban”, recuerda Skardy. “Nos expulsaron”.
Pese al éxito mediático y a haber vendido cerca de medio millón de discos, la bonanza económica nunca llegó. Repartidas entre los integrantes, las ganancias fueron mínimas. Skardy logró comprar un modesto departamento en Marghera junto a su esposa brasileña, Penha. Nada más.
A diferencia de otros músicos, nunca abandonó su empleo estable. Su explicación es simple: provenía de una familia trabajadora y sabía que la música podía acabarse en cualquier momento. “Primero hay que pensar en el pan”, afirma. El trabajo, reconoce, le quitó tiempo para la creación artística, pero también le dio estabilidad.
En el instituto, lejos de ser una figura incómoda, es un referente. Profesores y estudiantes lo respetan por su humildad y compromiso. “Hace más de lo que se le pide”, asegura Marina Maichen, docente de Textiles. “Vamos a perder a alguien con quien hablar de arte, alguien con quien conectar”.
Skardy está próximo a jubilarse, a los 67 años, tras cuatro décadas de trabajo, planea retomar de lleno la música, la escritura y las presentaciones en vivo. No busca grandes escenarios ni producciones costosas. Quiere volver a las calles, al contacto directo con la gente.
Tras la disolución de Pitura Freska en 2002 (resultado de egos, diferencias creativas y caminos divergentes), Skardy continuó en solitario. Ha lanzado cuatro álbumes, publicado un libro y recientemente estrenó el sencillo Feragni, una crítica al sistema de apariencias, al culto a la imagen y a la idolatría de la riqueza. No se burla de una persona, sino de una lógica social.
Su mirada sobre el presente es dura. Considera que los jóvenes son menos creativos, atrapados entre pantallas, inteligencia artificial y sueños individualistas. Observa con distancia la escena del trap y el rap actual, a la que acusa de repetir modelos importados, vacíos de mensaje colectivo.
El reggae, en cambio, fue para él una revelación espiritual. Dos conciertos marcaron su vida: Peter Tosh en 1979 y Bob Marley en 1980. Ahí comprendió que el reggae no era solo música, sino una filosofía: paz, comunidad, resistencia, espiritualidad.
Skardy también enfrentó demonios personales. Reconoce haber sido alcohólico, atravesar depresión y perder vínculos. Dejó el alcohol por recomendación médica, salvando su salud y su lucidez. Hoy camina envuelto en una bufanda jamaiquina, regresa al instituto y toma de nuevo la escoba.
El rey del reggae veneciano sigue ahí, fiel a sí mismo, demostrando que la rebeldía también puede barrer pasillos sin perder dignidad.







