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La Matatena y tres décadas de ska construido desde los márgenes

Redacción Marlone Serrano


La Matatena celebra 33 años de trayectoria como una de las bandas clave del ska mexicano. Nacida en el barrio de Campestre Aragón, la agrupación se presentará en el festival Ska! en San Juan, reafirmando su papel en la contracultura, la autogestión y la resistencia musical que han marcado a generaciones. 

Hablar de La Matatena es recorrer más de tres décadas de historia construida desde la periferia, la autogestión y la necesidad de decir lo que no encontraba espacio en otros escenarios. Fundada en 1992 en la colonia Campestre Aragón, al norte de la Ciudad de México, la banda se ha convertido en uno de los referentes del ska nacional, no solo por su sonido, sino por su postura ideológica y su vínculo con las comunidades que vieron nacer al movimiento. 


En entrevista reciente, Manolo Romero, baterista y fundador del grupo, recuerda que La Matatena surgió en un contexto donde no existía una escena consolidada y el rock nacional era todavía marginal. “Cuando empezamos en los noventas, éramos una banda con una propuesta en donde no había escena. La tuvimos que hacer nosotros”, afirma. 


Los primeros pasos estuvieron marcados por la precariedad y la intuición. Jóvenes de entre 14 y 20 años, sin formación musical académica ni recursos, comenzaron tocando versiones de otros grupos, pero pronto entendieron que su camino debía ser otro. “No duramos ni seis meses tocando covers porque no nos llenaba. Queríamos expresar lo que traíamos”, relata Romero. 


La música apareció entonces como un vehículo para canalizar inconformidades, imaginar otros mundos y asumir una postura crítica frente a su entorno. En ese proceso, el baterista comenzó a trabajar desde muy joven como asistente de carpintero para poder comprar instrumentos, una experiencia que —asegura— marcó su relación con la banda: “Vas cumpliendo un sueño, lo vas labrando”. 


Sin internet ni plataformas digitales, las influencias llegaban a cuentagotas, a través de discos que amigos traían del extranjero. Bandas como Mano Negra terminaron de definir el rumbo sonoro de La Matatena y reforzaron la idea de que el ska podía ser un espacio de libertad creativa. 


Incluso el nombre del grupo nació desde la colectividad. Tras un primer concierto en el que evitaron presentarse, pasaron por un nombre provisional hasta que, mediante votación interna, eligieron La Matatena. “Ahí se empieza a ver lo que es la democracia, la pluralidad y la empatía dentro de la agrupación”, explica Romero. 


El crecimiento de la banda estuvo estrechamente ligado a los circuitos alternativos y al rock urbano. “Las bandas en México crecen en las orillas. La ciudad siempre ha sido muy restrictiva”, señala. Desde esos márgenes, el ska se consolidó como un movimiento con identidad propia, cargado de energía, rebeldía e ideales. “Durante años salía una banda nueva cada mes”, recuerda. 


Aunque reconoce que el género ha atravesado transformaciones —“buenas y malas”—, Romero sostiene que el ska mantiene su esencia y su capacidad de renovarse. “Todo movimiento es cíclico. El ska es una música que llegó para quedarse en México y seguir haciendo historia”. 


En ese contexto se inscribe su participación en la primera edición del festival Ska! en San Juan, que se realizará el próximo 28 de febrero en El Foro Concert Hall, en San Juan del Río, Querétaro. Para La Matatena, este tipo de espacios representan la materialización de una lucha de más de 33 años. “Después de la pandemia, los músicos fuimos de los más afectados. Que surjan festivales así es maravilloso, sobre todo para las bandas emergentes”, afirma. 


La relación de la banda con Querétaro también forma parte de su historia. Romero recuerda que inauguraron la Concha Acústica del Parque Querétaro 2000 y destaca la importancia de construir comunidades creativas más allá de los escenarios. 


En el festival, La Matatena compartirá escenario con Leones Negros y Atletas Campesinos, Boom 99 e Hijos del Maíz. El evento arrancará a las 15:00 horas y los boletos tienen un costo general de 200 pesos. 


Treinta y tres años después de su nacimiento en un barrio del norte de la capital, La Matatena sigue tocando desde el mismo lugar simbólico: el de la resistencia cultural, la autogestión y la convicción de que el ska, más que un género, es una forma de habitar la música. 

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