La marihuana estrena clasificación legal en EE.UU., pero los expertos piden cautela
- RootsLand

- hace 4 días
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Redacción: Daniel Noriega
Donald Trump reclasifica la marihuana a la Lista III de sustancias controladas. Expertos analizan los beneficios para la investigación médica y advierten sobre los riesgos del THC y la percepción de inocuidad.

En un movimiento que sacude décadas de política de drogas, Donald Trump ha anunciado la reclasificación de la marihuana, moviéndola de la restrictiva Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas (CSA). Aunque esta decisión facilita el camino para la ciencia, los especialistas subrayan una verdad incómoda: facilitar el estudio del cannabis no equivale a ignorar sus riesgos sanitarios.
Para entender la magnitud de este cambio, hay que mirar el pasado reciente. Durante más de 50 años, el cannabis compartió celda en la Lista I con sustancias como la heroína y el LSD, bajo la premisa de que no tenía ningún valor médico aceptado y sí un alto potencial de abuso. Al pasar a la Lista III, el gobierno estadounidense reconoce, por fin, que la planta tiene usos terapéuticos legítimos y un riesgo de dependencia moderado o bajo. No es la legalización federal total que muchos sueñan, pero es un paso técnico gigante que derriba muros burocráticos.
La Dra. Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA), ha señalado que la investigación rigurosa es la gran ganadora de este ajuste. Hasta hoy, los científicos enfrentaban una carrera de obstáculos para conseguir permisos y muestras estandarizadas, lo que dejaba muchas preguntas sobre la marihuana sin respuesta clara. Con menos trabas, se espera una ola de estudios que permitan definir mejores prácticas de salud pública y aprovechar el potencial real de la planta.
Sin embargo, el diablo está en los detalles químicos. El debate público a menudo mezcla todo en la misma bolsa, pero la ciencia es clara al distinguir entre el cannabidiol (CBD), que no coloca y tiene potencial médico, y el tetrahidrocannabinol (THC), el componente psicoactivo responsable del "viaje" y del riesgo de dependencia. La evidencia sugiere que los problemas de salud más graves, desde ansiedad y psicosis hasta déficits de atención en adolescentes, están vinculados al consumo frecuente de productos con altas concentraciones de THC.
Aquí es donde entra la advertencia de expertos como Kevin Sabet, exasesor de políticas antidrogas. El temor es que este cambio administrativo envíe un mensaje erróneo a la juventud: que la marihuana es inofensiva. Las estadísticas indican que una de cada diez personas que consumen desarrolla un trastorno por uso de sustancias. "Investigar no implica declarar inocuidad", resumen los analistas. El reto ahora es evitar que la industria comercial aproveche esta apertura para vender una falsa seguridad, especialmente cuando los productos disponibles hoy son mucho más potentes que los de hace unas décadas.
Esta reclasificación representa una oportunidad de oro para que la política de drogas deje de basarse en el miedo y empiece a cimentarse en la evidencia. Si se maneja con ética, separando la narrativa comercial de la salud pública, podríamos estar ante el inicio de una era de consumo más responsable e informado. La ciencia tiene luz verde para avanzar, pero la responsabilidad final sigue recayendo en la sociedad y en cómo gestionamos esta nueva libertad sin caer en la trivialización de los riesgos.
La planta cambia de lista, pero sus efectos (buenos y malos) siguen siendo los mismos.







