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El futuro del cannabis: usan genética para explorar más beneficios

Redacción: Maggi Arreola Paola 


Una de las metas que se dejan atrás es la de solo elaborar plantas más eficaces, para abrir una mejor optimización adaptadas a los requerimientos clínicos y así analizar los complementos genéticos de los metabolitos, resistencia a enfermedades y estabilidad del cultivo. 

La genética del cannabis medicinal se ha convertido en un área de creciente interés dentro de la investigación biomédica, debido a su potencial para desarrollar tratamientos más seguros, eficaces y personalizados. A diferencia de los métodos tradicionales de cultivo, que priorizaban características como el sabor o la potencia, la investigación actual se centra en la identificación y selección de rasgos genéticos que permitan obtener perfiles terapéuticos estables y adaptados a necesidades clínicas específicas. 

 

Este avance fue posible gracias al descubrimiento de los principales compuestos activos del cannabis y a la comprensión de su interacción con el sistema endocannabinoide humano. A partir de estos hallazgos, la mejora genética comenzó a orientarse hacia la creación de variedades con proporciones controladas de cannabinoides, particularmente tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD). De esta manera, la genética aplicada no solo facilita la selección de plantas con efectos más previsibles, sino que también contribuye a la reducción de riesgos asociados al uso terapéutico. 

 

En este contexto, la biotecnología vegetal ha desempeñado un papel fundamental, ya que permite analizar genes relacionados con la producción de metabolitos, la resistencia a enfermedades y la estabilidad del cultivo. Estas herramientas han favorecido el desarrollo de variedades con alto contenido de CBD y niveles mínimos de THC, lo que reduce los efectos psicoactivos y amplía las posibilidades de uso en pacientes pediátricos o en personas con mayor sensibilidad a dichos compuestos. Como resultado, se ha fortalecido la integración del cannabis medicinal dentro del ámbito clínico y farmacéutico. 

 

De manera paralela, la investigación también ha explorado el papel de los terpenos, compuestos aromáticos que influyen en la respuesta terapéutica y que, al combinarse con los cannabinoides, permiten modular efectos como relajación, sedación o estimulación. Este enfoque ha impulsado el desarrollo de tratamientos más personalizados, alineados con los principios de la medicina de precisión y con una mayor comprensión de la complejidad farmacológica de la planta. 

 

Asimismo, la mejora genética ha contribuido a disminuir la variabilidad entre cosechas mediante técnicas como la clonación controlada, la creación de bancos genéticos y la trazabilidad de líneas vegetales. Estas estrategias resultan esenciales para garantizar la consistencia química de los productos, requisito indispensable dentro del ámbito farmacéutico para asegurar la eficacia y seguridad de los tratamientos. 

 

Finalmente, estos avances no solo han transformado la investigación científica, sino también la percepción social del cannabis medicinal, al posicionarlo como una fuente de principios activos desarrollados bajo criterios médicos rigurosos. Además, la optimización genética ha favorecido modelos de producción más sostenibles, con plantas adaptadas a cultivos controlados, menor uso de pesticidas y mayor eficiencia energética.  

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