De Kingston a Londres: cómo el ska creó una estética rebelde con trajes, sombreros y actitud
- RootsLand

- 10 abr 2025
- 2 Min. de lectura
Redactor: Sam Torne

El ska no solo es música, también es una forma de expresarse corporal y visualmente. Surgido en Jamaica a finales de los años 50, el ska llevó consigo una estética urbana que rápidamente cruzó el Atlántico, llegando a las comunidades afrocaribeñas del Reino Unido. Allí, encontró eco entre jóvenes británicos de clase trabajadora que adoptaron y adaptaron la cultura ska, dando forma a un estilo distintivo: los «rude boys».
Los rude boys eran jóvenes rebeldes, generalmente vestidos con trajes ajustados, sombreros pork pie, tirantes y zapatos brillantes. Esta imagen sofisticada, muchas veces heredada del estilo gangsteril estadounidense de la época, contrastaba con sus entornos sociales precarios. En Jamaica, el término podía aludir tanto a figuras criminales como a jóvenes con actitud desafiante, pero al llegar a Inglaterra, se transformó en una identidad estética asociada con la música y el baile.
Durante el auge del movimiento 2 Tone a fines de los años 70, bandas como The Specials y The Selecter hicieron del rude boy un ícono cultural. El blanco y negro —colores clásicos del logotipo 2 Tone— simbolizaba la integración racial que promovía el movimiento, con bandas formadas por músicos negros y blancos. La vestimenta se convirtió en una afirmación visual de unidad, estilo y orgullo multicultural. Llevar traje no era solo una elección estética, sino una declaración política de identidad, igualdad y elegancia.
El moonstomp, inmortalizado por la canción «Skinhead Moonstomp» de Symarip, es uno de los pasos de baile más representativos del ska. Se trata de un movimiento sencillo pero rítmico, una especie de marcha enérgica con pasos firmes y rodillas altas, que captura perfectamente la energía alegre y contagiosa del género. No hay una coreografía única en el ska: el baile es libre, personal, pero siempre acompañado de un sentido de comunidad.
En los conciertos de ska y festivales especializados, el baile sigue siendo un componente esencial. El skanking, que combina movimientos de brazos y piernas en una especie de rebote dinámico, es otra forma clásica de expresión en la pista.



