Cannabis y salud mental: nuevas revisiones científicas reabren el debate sobre su regulación y riesgo de psicosis
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Redacción Atziri Gomez
Dos revisiones internacionales publicadas analizaron la relación entre el consumo de cannabis, la salud mental y los modelos de regulación aplicados entre 2000 y 2025.

El debate sobre el cannabis ha ganado presencia dentro de las discusiones de salud pública a nivel internacional, mientras algunos países avanzan hacia esquemas de legalización y otros mantienen políticas más restrictivas, también crece el interés científico por comprender con mayor precisión cuáles son los efectos de esta sustancia sobre la salud mental, especialmente cuando el consumo inicia a edades tempranas.
En este contexto, dos revisiones internacionales publicadas recientemente en The Lancet Psychiatry analizaron tanto la relación entre el cannabis y distintos trastornos psiquiátricos como el impacto que han tenido los cambios regulatorios aplicados entre 2000 y 2025. Los resultados muestran un escenario más complejo de lo que suele plantearse en el debate público: más allá de legalizar o prohibir, factores como el modelo de regulación, la disponibilidad del producto, su potencia y el contexto social pueden modificar las consecuencias sanitarias.
Uno de los puntos con mayor respaldo dentro de la evidencia revisada es la asociación entre el consumo frecuente de cannabis —sobre todo en productos con altas concentraciones de THC— y un mayor riesgo de presentar episodios psicóticos en personas con factores de vulnerabilidad. No obstante, los especialistas subrayan que esta relación no implica una causalidad directa ni significa que el desarrollo de trastornos mentales ocurra de forma inevitable.
La evidencia indica que variables como la predisposición genética, el entorno social y la edad en la que inicia el consumo influyen de manera importante, los estudios muestran que comenzar a edades más tempranas y mantener un uso continuado podría incrementar las probabilidades de presentar este tipo de alteraciones.
Dentro de este contexto, Celso Arango, jefe del Departamento de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Hospital Universitario La Paz, explicó que en la práctica clínica se observa con frecuencia una coincidencia entre primeros episodios psicóticos y consumo reciente de cannabis.
Según datos compartidos al diario El País, en su unidad aproximadamente siete de cada diez adolescentes ingresados por un primer brote psicótico presentan consumo reciente de esta sustancia, algunos pacientes muestran mejoría tras abandonar el consumo, mientras otros desarrollan cuadros persistentes.
No obstante, los investigadores también advierten que el cannabis no debe interpretarse como una causa única de enfermedades mentales graves, en trastornos como ansiedad y depresión, la relación continúa siendo menos clara. Especialistas señalan que algunas personas recurren al cannabis como forma de automedicación, lo que dificulta distinguir si el consumo antecede al problema o aparece como consecuencia.
Respecto al trastorno bipolar, la evidencia disponible plantea que el cannabis podría adelantar la aparición de síntomas o intensificar su evolución, aunque todavía existen limitaciones metodológicas que impiden establecer conclusiones definitivas, también observaron diferencias importantes entre modelos regulatorios.
Por ejemplo, en Uruguay aparece como un caso de regulación más restrictiva y control estatal, donde se establecen límites en distribución, precio y potencia del producto, según los estudios revisados, este esquema no ha mostrado incrementos significativos en consumo juvenil.
En contraste, Canadá y algunas regiones de Estados Unidos implementaron modelos con mayor apertura comercial, expansión de puntos de venta y disponibilidad de productos más potentes, en estos contextos se reportaron aumentos en el consumo adulto, más casos de trastorno por uso de cannabis y mayores consultas de urgencia relacionadas con episodios psicóticos en determinadas zonas.
El debate también alcanza al cannabis medicinal, pues algunos especialistas advierten que ampliar indicaciones médicas sin evidencia clínica suficiente puede generar confusión entre el uso terapéutico y el recreativo. más allá de las posiciones a favor o en contra, las revisiones coinciden en una conclusión: el cannabis no es una sustancia libre de riesgos, pero tampoco determina por sí sola el desarrollo de trastornos mentales, factores individuales y condiciones sociales siguen siendo elementos clave para comprender su impacto.



