Ritmos rebeldes que plantan bandera frente a los despojos actuales
- RootsLand

- 7 abr
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Redacción: Arely Negrete
No se trata solo de música. A 44 años de Malvinas, ciudad oculta alza la voz contra la entrega de la soberanía y los cambios en la ley de tierras. Este festival es clave para el movimiento social al día de hoy.

La música siempre ha sido una herramienta de resistencia, un lenguaje que trasciende las fronteras de lo estético para convertirse en un grito de justicia. En el corazón de Ciudad Oculta, el reggae se prepara para elevar ese grito una vez más. A 44 años del conflicto bélico en las Islas Malvinas, el festival no solo se propone como un espacio de memoria histórica, sino como un frente de batalla cultural contra las políticas actuales que amenazan la soberanía y los derechos sociales.
El Ciudad Oculta Reggae Festival surge en un contexto donde el recuerdo de Malvinas no es una efeméride vacía. Para los barrios populares, la guerra es una herida abierta que conecta el pasado con las luchas del presente. El reggae, con sus raíces profundamente ligadas a la liberación y la denuncia de la opresión Babylon, se convierte en el vehículo perfecto para homenajear a los caídos y simultáneamente, denunciar lo que muchos consideran una entrega de la soberanía nacional a través de ajustes económicos y reformas legislativas.
Este evento busca resignificar la identidad argentina desde la periferia. No se trata solo de recordar la valentía de los soldados, sino de cuestionar las estructuras de poder que, décadas después, siguen postergando a los sectores más vulnerables, uno de los ejes centrales de esta edición es la defensa de la ley de tierras.
El festival se posiciona firmemente contra los intentos de derogación o modificación que facilitarían la extranjerización del territorio. En el entorno de Ciudad Oculta, la tierra no es una mercancía, sino el espacio donde se construye la comunidad y el futuro, la consigna es clara, la defensa de lo nuestro es integral. No se puede defender la soberanía de las islas mientras se entrega el suelo continental.
Los artistas y organizadores entienden que la cultura es el primer territorio que se debe proteger para evitar el avance de políticas que desmantelan el tejido social. El evento destaca por su autogestión y su capacidad de movilización, entre los puntos clave que definen esta jornada se encuentran aspectos como la participación comunitaria, no es un evento impuesto desde afuera; es una construcción de los propios vecinos y colectivos artísticos locales.
El contenido político artístico, además de las bandas en vivo, se generan espacios de debate y reflexión sobre la situación económica actual, el impacto social en el festival sirve como plataforma para visibilizar las problemáticas específicas de Ciudad Oculta, rompiendo con el estigma mediático que suele rodear a los barrios populares.
A más de cuatro décadas de Malvinas, el Ciudad Oculta Reggae Festival demuestra que la memoria es un músculo que se entrena. Al ritmo del one drop y las líneas de bajo profundas, el barrio le recuerda al país que la soberanía se defiende en todos los frentes, en las leyes, en la tierra y fundamentalmente en la calle. Es un recordatorio de que frente al intento de silenciar la cultura el barrio siempre tiene algo que decir.



