google.com, pub-2505080260247083, DIRECT, f08c47fec0942fa0
top of page

Michael Marley: El aliado del Reggae y los Rastafaris

Redacción: Ana Ruiz 


La influencia de la política tuvo un efecto dramático en la música de Jamaica, especialmente en el género emergente conocido como reggae y Manley, como político, utilizó a artistas del reggae como Bob Marley para validar su conexión con los jamaiquinos que sufrían opresión y con los rastafaris. 

 

En la Jamaica de los años 70, la música reggae y el movimiento rastafari no eran sólo expresiones culturales: eran banderas de identidad, resistencia y esperanza. En ese escenario aparece Michael Manley, líder del Partido Nacional del Pueblo (PNP), que logró conectar como ningún otro político con la voz de los barrios y con la energía del reggae. 


Michael Manley fue primer ministro de Jamaica en varias ocasiones entre 1972 y 1992. Representaba una política de justicia social, igualdad y acercamiento a los sectores más pobres. Promovía programas de educación gratuita, salud pública y defendía la soberanía cultural frente a la influencia extranjera. 


En los años 70, el reggae ya se había transformado en un grito de libertad. Artistas como Bob Marley, Peter Tosh, Burning Spear y muchos otros usaban sus letras para denunciar la opresión, la desigualdad y la violencia en los guetos de Kingston. Cuando Manley apareció con un discurso que prometía dar dignidad al pueblo, el reggae encontró un aliado natural. 


Más allá de la política, había también un lazo personal. Bob Marley era amigo de Michael Manley y, de hecho, llegaron a vivir en la misma cuadra en Kingston. Esa cercanía alimentó la afinidad entre la música de Marley y el proyecto político de Manley, reforzando la conexión entre reggae, rastafarismo y la esperanza de cambio social. 


Hasta ese momento, el movimiento rastafari había sido marginado y perseguido. La policía acosaba, reprimía y discriminaba a los rastafaris por su aspecto, sus creencias y su estilo de vida. Manley rompió con esa tradición de violencia estatal: mostró respeto hacia el rastafarismo, lo incluyó en el discurso político y frenó la represión policial contra sus seguidores. Este gesto fue histórico y marcó un antes y un después en la relación entre los rastafaris y el Estado. 


Durante la campaña electoral de 1972, el reggae fue parte de la estrategia política. Muchos artistas dedicaron canciones a la esperanza de un cambio, y la música se volvió herramienta de movilización. Bob Marley, por ejemplo, se convirtió en un símbolo de unidad. Aunque intentó mantenerse neutral en la lucha partidaria, su música como Get Up, Stand Up? fue adoptada como himno de resistencia y empoderamiento, y Manley supo capitalizar ese espíritu. 

El rastafarismo veía en Michael Manley a un líder más cercano a sus ideales: justicia social, orgullo africano, resistencia frente al sistema. Manley incluso utilizó símbolos rasta en su campaña, como el famoso cayado del león, regalo del emperador Haile Selassie I de Etiopía, lo que lo vinculó aún más a la espiritualidad rastafari. 


El reggae y los rastafaris llamaban a votar por Manley porque lo veían como la posibilidad de que las voces marginadas fueran escuchadas. La música se convirtió en puente entre la lucha cotidiana en los guetos y la política nacional. Esa unión entre reggae y política marcó una época: por primera vez, el ritmo que había nacido en los patios y en las calles de Kingston influía directamente en el rumbo de un país. 

bottom of page