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Menen Asfaw: la emperatriz de Etiopía que transformó la educación femenina y consolidó la diplomacia imperial

Redacción: Michelle Velázquez Belmont 


Perfil biográfico de Menen Asfaw, Emperatriz de Etiopía. Su impacto en la educación, la religión y su papel sagrado dentro de la cultura Rastafari.

La figura de la emperatriz Menen Asfaw representa uno de los pilares más significativos de la historia moderna de Etiopía, no solo por su papel como consorte del emperador Haile Selassie I, sino por su labor autónoma en la transformación social y educativa de su nación.  


Nacida en el seno de una influyente familia oromo, su linaje la conectaba directamente con la aristocracia de Wollo y Ambassel, siendo nieta de Ras Mikael y sobrina del emperador Iyasu V. Su vida temprana estuvo marcada por las alianzas matrimoniales propias de la nobleza etíope de la época, contrayendo nupcias en dos ocasiones antes de su unión definitiva con Tafari Makonnen, el futuro Haile Selassie.  


Aunque las crónicas históricas y la autobiografía imperial presentan matices distintos sobre cómo se gestó su relación, es indiscutible que su matrimonio, celebrado en 1911, se convirtió en una sociedad de apoyo mutuo que perduró durante cinco décadas de intensos cambios geopolíticos. 


Tras la coronación de su esposo en 1930, Menen Asfaw asumió el título de emperatriz con una dignidad que equilibraba la tradición religiosa y el progreso social. Fue una pionera en la defensa de los derechos de las mujeres, fundando la Escuela Emperatriz Menen en Addis Abeba, la primera institución en el imperio dedicada exclusivamente a brindar una educación moderna a las niñas. Su compromiso con la fe ortodoxa etíope también fue un rasgo distintivo; patrocinó la construcción y restauración de numerosas iglesias tanto en su tierra natal como en Tierra Santa, incluyendo el Monasterio de la Santísima Trinidad a orillas del río Jordán.  

Durante el doloroso periodo de la ocupación italiana entre 1936 y 1941, la emperatriz vivió en el exilio, donde su devoción se manifestó en una promesa solemne: entregar su corona a la Iglesia de la Natividad en Belén si su patria recuperaba la libertad. Tras la victoria, cumplió su palabra, enviando la joya original a Palestina y utilizando desde entonces únicamente una tiara en actos oficiales. 


En el ámbito político, Menen fue la asesora más cercana y discreta del emperador. A diferencia de algunas de sus predecesoras, optó por no intervenir públicamente en los asuntos de Estado, lo que le permitió mantener una imagen de unidad y estabilidad. Sin embargo, su influencia en las sombras fue fundamental para el desarrollo de programas de asistencia para pobres y discapacitados. Incluso en momentos críticos, como el intento de golpe de Estado de 1960, su presencia fue un símbolo de legitimidad, a pesar de las tensiones familiares que surgieron por la supuesta implicación de su hijo, el príncipe heredero, en la revuelta. 


A su muerte en 1962, el emperador le rindió un homenaje conmovedor, destacando que en medio siglo de matrimonio nunca necesitaron un mediador para resolver sus diferencias. Su legado perdura hoy no solo en las instituciones que fundó, sino también en la veneración que le profesan movimientos como el rastafarismo, que la reconoce como una figura de divinidad y sabiduría. En el año 2000, sus restos fueron finalmente trasladados junto a los de su esposo en la Catedral de la Santísima Trinidad, cumpliendo así el deseo imperial de descansar eternamente al lado de la mujer que fue su apoyo incondicional. 


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