Mansiones y organizaciones Rastafari denuncian falta de garantías ante el Gobierno de Jamaica
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Redacción: Amairany Ramírez
La organización Rastafari Mansions and Organizations (RMO) desmiente la supuesta protección constitucional de sus derechos en Jamaica y exige un marco legal integral frente a la discriminación sistémica y la exclusión social.

La tensión entre el movimiento rastafari y el Estado jamaiquino ha alcanzado un nuevo punto crítico. Recientemente, las Mansiones y Organizaciones Rastafari (RMO), una coalición que representa a diversos grupos de esta fe, emitieron un comunicado oficial para refutar las declaraciones de Olivia Grange, ministra de Cultura de Jamaica. La funcionaria había asegurado que los derechos de la comunidad ya estaban plenamente protegidos por la Constitución vigente, una afirmación que la RMO califica de inexacta y carente de fundamento en la práctica cotidiana.
El conflicto se originó tras el anuncio de San Cristóbal y Nieves sobre la implementación de una legislación pionera que reconoce legalmente al movimiento rastafari, otorgándoles derechos sobre su identidad, el uso sacramental del cannabis y concesiones económicas. Ante este avance regional, el Gobierno de Jamaica defendió su gestión alegando un liderazgo histórico en la materia. No obstante, la RMO sostiene que esta supuesta protección es una exageración y que el país carece de un marco jurídico integral que resguarde a sus ciudadanos de la discriminación sistémica.
La organización argumenta que, si bien la Constitución de Jamaica garantiza la libertad religiosa de manera general, no existe un reconocimiento explícito del rastafari como una fe distinta ni como un grupo cultural indígena. Esta omisión legislativa es, a juicio de la RMO, la raíz de una aplicación desigual de la ley. Al no existir una obligación legal clara y específica, los derechos de los rastafaris quedan supeditados a interpretaciones discrecionales de las autoridades de turno.
Para la coalición, el verdadero progreso requiere que los derechos de la comunidad sean consagrados constitucionalmente bajo una definición multidimensional que obligue a todas las instituciones del Estado a una rendición de cuentas efectiva. "Esto aún no ha sucedido", enfatizaron, contrastando su situación con los avances en Antigua y Barbuda, donde existen protecciones más explícitas para el uso sacramental de plantas sagradas.
En el ámbito de las libertades religiosas, la RMO criticó que la enmienda de 2015 a la Ley de Drogas Peligrosas es limitada e inconsistente. A pesar de la despenalización parcial, denuncian que los miembros de la comunidad siguen siendo objeto de arrestos y procesos judiciales prolongados por el uso de marihuana en sus ritos, violando sistemáticamente sus derechos fundamentales.
La vulnerabilidad del grupo también quedó expuesta tras el desastre provocado por el huracán Melissa. Según la RMO, el auxilio estatal no ha llegado a sus comunidades ni ha respetado sus prácticas culturales y dietéticas, conocidas como Ital. La organización lamentó que el gobierno no haya incluido a la comunidad rastafari en las evaluaciones de daños ni haya apoyado las iniciativas de reconstrucción lideradas por la propia coalición, evidenciando una desconexión entre el discurso oficial de inclusión y la realidad en el territorio.
Con esta postura, la comunidad rastafari hace un llamado urgente a las autoridades para transitar de la retórica política a una protección jurídica real que garantice su pleno desarrollo como parte fundamental de la identidad de la isla.



