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El altar de los bajos: la mística del Libertad Sound System frente a la Facultad de Derecho

Redacción: Michelle Velázquez Belmont 


Conoce a Libertad Sound System y la cultura del sound system en el Reggae. La música como vibración física, comunidad y resistencia cultural. ¿Qué banda de Reggae mexicana crees que debería sonar en estas torres de sonido?  

Hay unas 400 personas alrededor de una especie de altar, esa torre de parlantes que despide un reggae de frecuencias imposibles para el mundo “normal”. El lugar es la plaza República Federativa del Brasil, a metros de la Facultad de Derecho de la UBA y la estación del subte H Julieta Lanteri. Unos bailan sacudidos por los bajos profundos; otros contemplan el tótem, estáticos, a distancia prudencial. 


La mezcla es propia de un domingo a la tarde en un espacio público: aficionados a la música jamaiquina, familias con chicos, ravers veteranos de mil afters y parejas de jubilados para los que Jamaica es, con suerte, un remoto destino de cruceros. El altar de parlantes lleva el sello del Libertad Sound System, proyecto de Nacho Flotta y Day Soria, socios en la producción y padres de Iris, de siete años, que baila junto a ellos bajo el gazebo de control. 

El Libertad viene ofreciendo aquí sesiones cada vez más convocantes, bajo la consigna de presentar una versión argentina de esta tradición de sacar la música a la calle y hacerla sonar lo más fuerte posible. Es una combinación de melomanía, ingeniería de sonido, espíritu cooperativo y, por cierto, mucho músculo para cargar tremendos equipos. 


El disparador fue un viaje de la pareja, diez años atrás, a la Isla del Tesoro. Fue un golpe emocional descubrir que esa cultura que conocían por fotos era algo vivo. Entendieron que, para mucha gente, esta era la única forma de escuchar música y comprendieron por fin la profundidad de las producciones jamaiquinas.  

 

El tour autoguiado los llevó por sitios mitológicos como Black Ark, el estudio de Lee Perry; Rockers, la famosa disquería en Orange Street; y Tuff Gong, la fábrica de vinilos de la familia Marley. Al ver que esos lugares idealizados eran en realidad espacios sencillos, como un estudio detrás del patio de una casa, pensaron que podrían replicar la experiencia en Buenos Aires. Allí se cerró el círculo. 


Decididos a montar su propio sound system, debieron encargar un preamp de cuatro vías a medida en Inglaterra. El equipo no traía manual; tuvieron que medir el rango de frecuencias antes de fabricar los parlantes. El arsenal se completó con cuatro scoops y dos kicks de 18 pulgadas, mids de 12, drivers, tweeters y bandejas de vinilos. Tuvieron que aprender a trabajar madera, cablear, soldar y lijar. 


Hoy, el Libertad extiende sus sesiones junto a Derecho desde las 17 hasta las 22. Lo que suena es un arco narrativo que arranca en el roots de los 60 y deriva en tracks modernos, incluyendo producciones propias y copias de prueba que solo se escuchan allí, emulando el testeo de temas que se hacía originalmente en Jamaica. El volumen y la vibración vuelven la experiencia algo físico, similar a los cuencos tibetanos. 


Pero no todo es técnico; Nacho y Day sostienen que lo que realmente se amplifica es la energía que los reúne. Para ellos, el Libertad, tras 20 años de pareja, es como un hijo más. Es un proyecto familiar rodeado de amigos, donde lo económico queda en segundo plano frente a la mística de un encuentro que, más que una fiesta, se siente como un góspel urbano. 

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