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De las calles de Jamaica al mundo entero: El género que nadie pensaba que tuviera tanto impacto

Redacción: Grecia Rodriguez


El reggae es mucho más que un género musical; es la historia viva de un pueblo que encontró en el ritmo una forma de expresarse. Desde las calles de Jamaica hasta los escenarios más grandes del mundo, este sonido lleva décadas transmitiendo resistencia, espiritualidad e identidad. 

 

Muy pocos géneros musicales pueden presumir de haber salido de una isla pequeña para conquistar el planeta entero. El reggae lo logró, y no fue porque alguien lo planeara. Esto se dio porque era algo inevitable; cuando una música tiene tanta historia, con tanta lucha y esperanza, tarde o temprano el mundo la termina escuchando. Jamaica ya venía trabajando en este sonido desde antes de que el reggae tuviera nombre. El mento, que dominó los años cuarenta y cincuenta, ya tenía esa mezcla rara, pero con gran poder, entre el ritmo africano que estaba presente entre toda la gente y las estructuras musicales que habían llegado con la colonización europea. Lo interesante del mento no es cómo sonaba, sino lo que decía: hablaba de la vida tal y como es, con humor, y con los pies bien puestos en la tierra jamaicana. 


Luego llegó el ska y cambió todo el ambiente. Eran los sesenta, cuando Jamaica vivía uno de sus momentos más importantes, y el ska llegó con todo, lleno de metal y con ganas de celebrar algo. También absorbió el jazz y el rhythm and blues que eran muy sonados en la radio de Estados Unidos y los volvió propios hasta crear algo nuevo. Era imposible escuchar su música sin moverse. 

Pero esta energía no duró mucho para ellos. A mediados de la misma década, este ritmo comenzó a bajar. El rocksteady es eso: una pausa que en realidad fue para profundizar. El bajo ahora estaba en primer plano, las voces eran más elaboradas y las letras empezaron a estar en lugares que el ska había ignorado, como el desamor, la desigualdad, el cansancio de pelear contra un sistema que no ayuda, sino que solo empeora. 


De ahí ya estaban muy cerca del reggae. A finales de los sesenta dio el paso que faltaba, y el resultado fue un sonido que parece sencillo hasta que uno se da cuenta de todo lo que hay detrás. La guitarra, el bajo, la batería y las letras que hablan de Dios, de opresión, de orgullo y de comunidad. El reggae no era entretenimiento, sino una forma de declarar justicia. 


Bob Marley fue el que abrió la puerta para todos en el reggae. En los setenta, junto a The Wailers, llevó ese sonido jamaicano a lugares donde nadie esperaba llegar, y lo hizo sin vender algo bonito para la gente, sino la realidad. La gente en Europa, África y América lo escuchó y entendió algo que no siempre se puede explicar con palabras: que esta música también hablaba de ellos. Hoy el reggae es transformado de diferentes maneras. Pero quien pone atención reconoce algo que viene de lejos, de una isla que encontró en la música su manera más fuerte de existir y exigir. 


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