Salud mental: Por qué los expertos piden precaución en uso terapéutico de cannabis
- RootsLand

- 7 may
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Redacción: Michelle Velázquez Belmont
Analizamos los riesgos de los fármacos con cannabis en pacientes con trastornos mentales. Conoce las advertencias científicas sobre su uso en este mayo 2026

El debate sobre el uso terapéutico de derivados del cannabis ha ganado terreno a nivel global bajo la premisa de que sus componentes psicoactivos representan una alternativa eficaz para diversas dolencias. Países como Canadá, Australia, Estados Unidos y, más recientemente, España, han integrado estas sustancias en sus marcos legales de salud. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la expectativa generada por el cannabis medicinal, particularmente en el ámbito de la salud mental, no coincide con los resultados clínicos observados hasta la fecha.
Un análisis exhaustivo publicado en la revista científica The Lancet, que recopila décadas de estudios y ensayos clínicos, señala que la eficacia del tetrahidrocannabinol (THC) en el tratamiento de trastornos psiquiátricos es considerablemente baja o incluso inexistente.
Si bien se reconoce un beneficio moderado en situaciones muy específicas, como la reducción de la dependencia a los opioides o la mejora en pacientes con insomnio crónico, su impacto en cuadros neurológicos complejos o adicciones a otras sustancias es mínimo. Esta disparidad entre el auge de su uso clínico y la falta de respaldo científico sólido ha generado una señal de alerta entre la comunidad médica internacional.
Uno de los riesgos más críticos identificados es el fenómeno de la automedicación. Diversos estudios indican que los pacientes que utilizan el cannabis para mitigar cuadros de ansiedad o depresión tienden a consumir dosis mucho más elevadas que el promedio, lo que paradójicamente intensifica los síntomas originales. En lugar de encontrar alivio, muchos usuarios experimentan un incremento en niveles de paranoia y una profundización de sus estados depresivos, consolidando además una adicción difícil de erradicar. Lo que inicialmente se presenta como una "medicina" puede convertirse en un obstáculo que retrasa el acceso a terapias convencionales con mayor tasa de éxito.
La situación en naciones como el Reino Unido ilustra la complejidad del problema. Aunque la normativa original buscaba limitar estas recetas a casos de dolor extremo o efectos secundarios de la quimioterapia, la práctica se ha flexibilizado peligrosamente. Actualmente, una proporción significativa de las prescripciones se emite para tratar padecimientos mentales, a menudo por parte de clínicas privadas con controles laxos. Los expertos advierten sobre una "amarga ironía": se está recetando de forma activa una sustancia que, en múltiples casos, es la responsable directa del deterioro de la estabilidad psicológica de los pacientes.
Incluso en entornos regulados, se han reportado casos donde la dependencia al cannabis medicinal ha impedido que los individuos reciban la atención psiquiátrica adecuada, derivando en consecuencias fatales. La comunidad científica insiste en la necesidad de ejercer una cautela extrema y demanda regulaciones mucho más rigurosas. La conclusión de los especialistas es clara: el cannabis puede tener un rol como analgésico en condiciones físicas específicas, pero su uso como herramienta de salud mental carece de fundamentos seguros, representando un riesgo latente para quienes ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad emocional.



