Panteón Rococó hace historia con doble sold out en el Estadio GNP y celebra 30 años de ska, resistencia y comunidad
- RootsLand

- 15 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Redacción: Ximena Zarahi Moreno Luna
Más de 130 mil personas se reunieron en dos noches históricas para celebrar tres décadas de música, lucha social y memoria colectiva junto a Panteón Rococó.

Panteón Rococó escribió uno de los capítulos más importantes de su historia y del ska mexicano al lograr dos conciertos completamente agotados en el Estadio GNP, reuniendo a más de 130 mil personas en un festejo masivo que celebró 30 años de trayectoria, resistencia y unión. Dos noches que no sólo fueron conciertos, sino actos de memoria colectiva, identidad y celebración popular.
Bajo el concepto de “Generación del 95”, la banda capitalina convirtió el Estadio GNP en un punto de encuentro intergeneracional. Familias completas, seguidores históricos y nuevas generaciones compartieron espacio, canto y baile en un ritual que confirmó por qué Panteón Rococó sigue siendo una de las agrupaciones más queridas e influyentes del país. El ska, el rock, la cumbia y el espíritu combativo se mezclaron en una fiesta profundamente humana.
Desde los primeros acordes, el recinto vibró con himnos que forman parte del ADN musical de México: Asesinos, Estrella Roja, Ciudad de la Esperanza, Dime y Toloache pa’ mi negra marcaron el inicio de un recorrido sonoro que atravesó tres décadas de historia. Cada canción fue coreada por miles de voces que demostraron que el Panteón no envejece: se transforma y se multiplica.
Uno de los momentos más celebrados de ambas noches fue la presencia de invitados especiales, quienes convirtieron los conciertos en un mosaico musical que reflejó la diversidad sonora que ha acompañado a la banda desde sus inicios. Amílcar & Lengualerta se sumaron en Triste Realidad; Carolina Ross y Gabrielle dieron nueva vida a La Palomita; Pascual Reyes y Fratta compartieron escenario en Vendedora de Caricias; mientras que María Daniela y su Sonido Láser sorprendieron con Pequeño tratado de un adiós.
La lista continuó con Peewee interpretando Mil horas, Sabino y LNG/SHT sumándose a Parison, Alemán encendiendo el estadio con Nada Pasó, y María Barracuda emocionando con Arréglame el alma y Pequeño tratado de un adiós. Cada colaboración fue recibida como un abrazo colectivo, confirmando la capacidad del Panteón para dialogar con distintas escenas y generaciones.
El carácter internacional de estas noches históricas se reforzó con la participación de Feine Sahne Fischfilet, una de las bandas de punk rock más potentes de Alemania, que viajó especialmente a México por invitación directa del grupo. Desde Inglaterra, el productor Prince Fatty, responsable del sonido del más reciente disco de Panteón Rococó, ofreció un set de DJ cargado de dub, reggae y experimentación sonora, preparando el terreno para la explosión musical.
Más allá de la fiesta, los conciertos estuvieron marcados por mensajes sociales, un sello inseparable del proyecto. Entre luces, slam y abrazos, Dr. Shenka recordó los orígenes de la banda en la Prepa 9, los primeros toquines, la formación de familias y la importancia de mantener viva la empatía en un país atravesado por la ausencia. Las consignas por justicia para las personas desaparecidas, el reconocimiento a la lucha histórica del EZLN y un contundente llamado por Palestina resonaron con fuerza, acompañados de imágenes y banderas ondeando en el escenario.
Con más de 30 canciones por noche, el setlist recorrió toda la discografía del grupo con temas como La dosis perfecta, La Carencia, Viernes de Webeo, Borracho, Cuando tengas, Rojo, 1993, Esta noche y Hostilidades. El cierre, como dicta la tradición, llegó con La Carencia y Arréglame el alma, desatando la última explosión de baile y euforia que dejó al Estadio GNP vibrando hasta pasada la medianoche.
Tres décadas después de surgir de las aulas de la UNAM para tocar en fiestas y mítines, Panteón Rococó demuestra que sigue más vivo que nunca. Dos noches sold out en uno de los recintos más grandes del país confirman que el Panteón no sólo resiste: acompaña, abraza y sigue siendo bandera.








