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¿Cómo es la industria del cannabis en un país que lleva cuatro años con la despenalización?

Redacción Regina Melo


Aunque el cannabis ya está despenalizado en Tailandia, el país enfrenta desafíos pues el comercio se ha expandido más rápido que el marco legal, ahora, el país se enfrenta a una industria con gran expansión y unas leyes de regulación que se expanden de forma lenta


Hace cuatro años, Tailandia sorprendió al mundo al convertirse en el primer país de Asia en despenalizar el cannabis. La medida fue presentada como una oportunidad para impulsar la investigación médica, generar empleo y crear una nueva industria capaz de beneficiar a agricultores y emprendedores. Sin embargo, el panorama actual muestra una realidad más compleja, marcada por la incertidumbre legal, el crecimiento del mercado negro y el endurecimiento de las regulaciones.


Desde la despenalización en junio de 2022, miles de dispensarios comenzaron a abrir sus puertas en ciudades como Bangkok, Phuket y Pattaya. Las hojas de cannabis iluminadas con luces de neón se volvieron parte del paisaje urbano y atrajeron a turistas de distintas partes del mundo. Para muchos visitantes, el país pasó rápidamente de tener una de las políticas más estrictas de la región a convertirse en un destino asociado al consumo de marihuana.


El crecimiento acelerado del sector, sin embargo, estuvo acompañado por un problema importante: la falta de una regulación clara. Aunque el gobierno promovió inicialmente el uso medicinal de la planta, nunca se establecieron mecanismos sólidos para diferenciarlo del uso recreativo. Esta situación generó confusión entre empresarios, consumidores y autoridades encargadas de supervisar la actividad.


Actualmente, el gobierno tailandés busca recuperar el control del mercado mediante normas más estrictas. Los dispensarios deben contar con licencias para operar y, en teoría, los compradores necesitan justificar un uso médico para adquirir productos derivados del cannabis. No obstante, en muchos establecimientos las ventas continúan realizándose sin mayores controles, lo que evidencia la dificultad de aplicar las nuevas disposiciones.


Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud Pública, Tailandia llegó a registrar más de 18 mil dispensarios de cannabis. Tras los cambios normativos recientes, cerca de 9 mil establecimientos perdieron o no renovaron sus permisos, aunque algunos continúan operando de manera irregular.


Los agricultores también enfrentan desafíos. La producción aumentó con rapidez, pero la demanda no creció al mismo ritmo. Como consecuencia, los precios disminuyeron considerablemente y muchos productores tienen dificultades para obtener ganancias. Algunos representantes del sector advierten que esta situación ha favorecido el contrabando hacia mercados internacionales donde el cannabis alcanza un valor mucho mayor.


Mientras el Parlamento continúa discutiendo una ley definitiva para regular la industria, miles de empresarios permanecen en un escenario de incertidumbre. El caso de Tailandia se ha convertido en un ejemplo de los retos que surgen cuando una actividad económica crece más rápido que las reglas destinadas a regularla. Hoy, el futuro del cannabis en el país sigue siendo incierto, mientras autoridades, comerciantes y agricultores esperan una dirección clara para una industria que prometía prosperidad y que ahora enfrenta múltiples desafíos.

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