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Beres Hammond: por qué su voz sigue siendo el corazón del reggae

Redacción: MaJo Gutiérrez 

Beres Hammond
Beres Hammond

Escuchar a Beres Hammond es adentrarse en la esencia pura del reggae. Con una carrera de más de 30 años, este icónico cantautor jamaiquino ha mantenido vivo el poderoso legado de figuras como Bob Marley y Dennis Brown. Su voz, dulce y ahumada, con un poder y sutileza que recuerdan a leyendas del soul como Otis Redding, ha sabido adaptarse a los cambios del género, pasando por el reggae-funk de la banda Zap Pow hasta el dancehall que lo llevó a la fama internacional. 

 

En la década de los 80, Hammond se atrevió a innovar. Tras fundar su propio sello discográfico, Harmony Records, lanzó el álbum Let's Make a Song, que incluía dos temas clave en el entonces emergente estilo dancehall: "Groovy Little Thing" y el éxito "What One Dance Can Do". La canción lo catapultó a la fama internacional, que se consolidó con el lanzamiento de "Settling Down" en 1986. Sin embargo, en 1987, una trágica experiencia de robo lo llevó a mudarse a Nueva York, donde grabó el álbum Have a Nice Weekend, que incluyó un dueto con el reconocido Maxi Priest. 

 

El regreso definitivo a Jamaica en 1990 marcó el inicio de su era dorada. Firmó con Penthouse Records y grabó "Tempted to Touch", posiblemente su canción más conocida en Estados Unidos. Su estilo, que se había consolidado en el rock para amantes, fue evolucionando con éxitos como el aclamado "Fire" y su incursión en temas más sociales como "Putting Up Resistance". A lo largo de los años 90, Beres Hammond cimentó su estatus como una leyenda al lanzar un camino de clásicos modernos que, hasta hoy, siguen siendo esenciales en las pistas de baile. 

 

El talento de Hammond trascendió la música, llevándolo a fundar su propio sello de producción, Harmony House, con el que lanzó álbumes memorables. Su éxito continuó con el lanzamiento de "Music Is Life" (2001) y "Love Has No Boundaries" (2004), que contaron con colaboraciones de grandes artistas como Buju Banton y Wyclef Jean. Su legado fue oficialmente reconocido por el gobierno de Jamaica en 2013, cuando recibió la Orden de Jamaica por su "contribución excepcional y dedicada a la industria musical jamaiquina", un merecido homenaje a una voz que sigue siendo tan vital como la música misma. 

 
 
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